martes, 7 de agosto de 2007

Por qué seremos tan hermosas...

Por qué seremos tan perversas, tan mezquinas (tan derramadas, tan abiertas) y abriremos la puerta de calle al monstruo que mora en las esquinas, o sea el cielo como una explosión de vaselina como un chisporroteo, como un tiro clavado en la nalguicie-y por qué seremos tan sentadoras, tan bonitas los llamaremos por sus nombres cuando todos nos sienten (o sea, cuando nadie nos escucha) Por qué seremos tan pizpiretas, charlatanas Tan solteronas, tan dementes Por qué estaremos en esta densa fronda Agitando la intimidad de las malezas Como una blandura escandalosa cuyos vellos se agiten muellemente Al ritmo de una música tropical, brasilera Por qué Seremos tan disparatadas y brillantes Abordaremos con tocado de pluma el latrocinio Desparramando gráciles sentencias Que no retrasarán la salva, no Pero que al menos permitirán guiñarle el ojo al fusilero Por qué seremos tan despatarradas, tan obesas Sorbiendo en lentas aspiraciones el zumo de las noches peligrosas Tan entregadas, tan masoquistas, tan -hedonísticamente hablando- por qué seremos tan gozosas, tan gustosas que no nos bastará el gesto airado del muchacho, su curvada muñeca: pretenderemos desollar su cuerpo y extraer las secretas esponjas de la axila tan denostadas, tan groseras Por qué creeremos en la inmediatez, En la proximidad de los milagros Circuídas de coros de vírgenes bebidas y asesinos dichosos Tan arriesgadas, tan audaces Pringando de dulces cremas los tocadores Cachando, curioseando Por qué seremos tan superficiales, tan ligeras Encantadas de ahogarnos en las pieles Que nos recuerdan animales pavorosos y extintos, Fogosos, gigantescos Por qué seremos tan sirenas, tan reinas Abroqueladas por los infinitos marasmos del romanticismo Tan lánguidas, tan magras Por qué tan quebradizas las ojeras, tan pajiza la ojeada Tan de reaparecer en los estanques donde hubimos de hundirnos Salpicando, chorreando la felonía de la vida Tan nauseabunda, tan errática.

Néstor Perlongher.
Y prímulas.

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