
Vale aclarar que no existen momentos de guerra y la matriz bélica del párrafo anterior sirve solo como analogía.
Los sentimientos son como los soldados milicianos de la guerra civil española, no cuentan más que con su apasionamiento y sus manos para cavar las trincheras que les permiten el tiempo necesario para prepararse para el próximo avance.
Si nuestros ejércitos necesitan un descanso para reagruparse y ganar fuerzas, que así sea.
Claro que la subjetividad de quien escribe se ve continuamente interpelada por la paranoia. Como si un general viera la pérdida de confianza y entrega de uno de sus soldados. De todas formas confío en mis aliados y sé que me comunicarán cualquier movimiento de las tropas enemigas. No olvides que estas visten los colores de la soledad.
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