jueves, 20 de diciembre de 2007

por Antiprímula nocturna

Esta tarde, un hombre en el que no había reparado especialmente, al pasar por un cantero cortó una flor y me la ofreció, mientras hablábamos de nimiedades.
Era una prímula.
Sabiéndolo muy lejos de conocer este espacio me impactó la florcita que depositó en mi mano.
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¿Debería pensar en señales?
(Por las dudas, conservé el pimpollo entre el celofán y el paquete de mis cigarrillos).
*

2 comentarios:

Gisofania dijo...

lo mejor de las señales es la ráfaga de posibilidades que disparan.
lo peor es que esa ráfaga puede matarte de ansiedad, infinitamente.

(Gisofania en la primera hora de actividad laboral)

antiprímula dijo...

Si lo sabré, Gisofania.
Pero no es este el caso. Es una temporada en que los casilleros del juego están corridos y nada encaja.
Yo estoy distraída esperando que salga el sol del poniente.
(Pero ya le pedí a papá noel una brújula).
Espero que haya sido una buena jornada laboral.
Saludos.