martes, 25 de diciembre de 2007

33 años después del natalicio.

Cristo muerto, un cuadro de Hans Holbein
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El cuadro mide veinte centímetros de alto por dos metros de largo. Hay un cuerpo. Sólo un cuerpo representado. Yace boca arriba sobre una losa cubierta con una sábana blanca. El cuerpo lleva los signos evidentes del dolor y la muerte.Vemos su mano derecha aferrarse a la sábana. Las piernas sobre la losa. Los pies ligeramente separados. Los dedos de los pies largos, llenos de tierra, sucios de sangre. En su mano derecha, la que vemos, podemos ver también huellas de sangre. Una herida. Los restos de la crucifixión. Su pie derecho muestra la otra herida: la de los pies. Holbein tampoco olvidó la cicatriz abierta del costado, bajo las costillas marcadas y quietas, la herida de la lanza. Es el cadáver de un hombre que padeció torturas infinitas antes de ser crucificado; es el cadáver de un hombre que ha sido martirizado por los guardias y martirizado por la multitud cuando iba cargado con la cruz; el cadáver de un hombre que - bajo el peso de esa misma cruz - cayó a tierra y sufrió el suplicio de la cruz por seis horas; es el cadáver de un hombre recién descendido de la cruz: aún conserva mucha vida, mucha tibieza; por eso en su cara todavía se trasluce el sufrimiento, como si todavía pudiera sentirlo…
Todos los que vieron aquel cuerpo tuvieron que sentir una pena y un desaliento atroces aquella noche al ver defraudadas de una vez y para siempre todas sus ilusiones y casi toda su fe. Debieron separarse con un miedo espantoso.
Y si el mismo Cristo hubiera podido ver su imagen la víspera misma del suplicio no habría subido a la cruz.
Frente a este cuadro uno no tiene otro camino que perder la fe.
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(Fragmento extraído de "Los mansos" de Alejandro Tantanián).
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3 comentarios:

antiprímula dijo...

Publicado antes de tiempo porque tengo que arroyar el poyo y batirme el cabeyo para al noche.
Feliz navidad, a tutti.

Gisofania dijo...

mmmm, no sé.
En el cristianismo hay mucha atracción por la muerte y el dolor. el mesianismo es el premio a todo ese padecimiento. Cristo nació para ser crucificado un día y así pasar a la inmortalidad más magnífica a la que se ha aspirado en toda la historia humana. No se trata de obediencia a lo determinado o establecido, se trata de decisión, de crear el propio destino. Por eso la cruz es escándalo para los judíos y locura para los griegos.

antiprímula dijo...

Sí, sí, Gisofania. Pero el post está lejos de la adoración cristiana, no tiene ningún subtexto pío. Claro que el tema por carga universal(y mi ineficaz claridad seguramente) puede prestarse a esa confusión. Me parece impactante el cuadro, en su sentido plástico, y bella su descripción en ese texto. Pero suponte que me gustara un retrato de Menguele, por sus colores y formas, eso no me haría nazi.
Coincido en un todo con que uno crea sus caminos, y sus callejones sin salida también.
Saludos post navideños.