jueves, 8 de noviembre de 2007

Hebe Uhart

Fragmento de "Guiando la hiedra"
"Aquí estoy acomodando las plantas, para que no se estorben unas a otras,
ni tengan partes muertas, ni hormigas.
Me produce placer ver cómo crecen con tan poco;
son sensatas y se acomodan a sus recipientes,
si éstos son chicos, se achican, si tienen espacio, crecen más.
(...) En eso pienso cuando riego y trasplanto
y en las distintas formas de ser de las plantas:
tengo una que es resistente al sol, dura, como del desierto, que tomó para si sólo el verde necesario para sobrevivir;
después una hiedra grande, bonita, intrascendente,
que no tiene la menor pretensión de originalidad
porque se parece a cualquier hiedra que se puede comprar en todos lados,
con su verde tornasolado.
Pero tengo otra hiedra, de color verde uniforme, que se volvió chica;
ella parece decir: "Los tornasoles no son para mí";
ella responde creciendo muy lentamente, umbría y segura en su cautela.
Es la planta que más quiero; de vez en cuando la guío,
yo comprendo para dónde quiere ir
y ella entiende para dónde yo la quiero guiar. (...)"

2 comentarios:

clara dijo...

es excelente ese relato.

antiprímula dijo...

Sí, Clara, es bárbaro lo de Uhart.
Está bueno tu blog, he leído más de un escrito tuyo que me gustó mucho, aunque nunca me animé a comentar. Lo visito en silencio.
Gracias por pasar por aquí.