sábado, 6 de septiembre de 2008

Sí, existen seres hechos a la medida para irritar, excitar, volvernos locos. Sí, existen. Andan por el mundo y cada uno acaba por dar con el que le corresponde. Y aquí estás tú, sentada, tu mano con sus dedos, tu pierna con su pie. Insólito. Maravilloso. Espectacular.
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¡Y como calla! ¡Qué bien calla! Y con aire ultrajado, además. ¡Qué porte! ¡Qué conducta soberbia! Una conducta de reina ofendida. ¡Y enojada, airada! ¡Silenciosa como un sepulcro! ... Permitidme que os presente a esta reina ofendida...
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Si ella me ama, soy amado por ella. Y si soy amado por ella, soy su bienamado. Estoy en ella. Me lleva en su interior. ¿Cómo despreciarla, si me ama? No puedo ser despreciativo aquí si soy bienamado allá. Y yo que creía estar aquí todo el tiempo, yo mismo, aquí, en mi mismo... y de pronto, ¡zas! me atrapó y me encuentro en ella como en una trampa.

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