domingo, 6 de enero de 2008

Marina Tsvietáieva (Moscú, 1894-Yelábuga, cerca de Kazán, 1941)

Fragmento de carta enviada por Marina Tsvietáieva a Rilke. Rainer, quiero encontrarme contigo, quiero dormir junto a ti, adormecerme y dormir. Simplemente dormir. Y nada más. No, algo más: hundir la cabeza en tu hombro izquierdo y abandonar mi mano sobre tu hombro izquierdo, y nada más. No, algo más: aún en el sueño más profundo, saber que eres tú. Y más aún: oír el sonido de tu corazón. Y besarlo.

Dos poemas de Marina
Se ha ido. Ya no como:
quedó sin gusto el pan.
Se ha ido - todo es tiza
si lo llego a tocar.
...Para mí, era el pan,
era la nieve;
ya la nieve no es blanca,
el pan no sabe a nada.
***
Te arrebataré a todas las tierras o cielos,
porque el bosque es mi cuna,
y el bosque es mi sepulcro,
porque con un solo pie apenas piso la tierra,
porque sé cantar para ti como nadie sabe.
Te arrebataré a todos los tiempos y noches,
a todas las doradas banderas,
a todas las espadas,
esconderé las llaves,
echaré de la entrada a los perros,
porque en la noche invernal soy más fiel que un perro.
Te arrebataré a todas las demás y a aquella,
la única,
no serás el prometido de nadie,
no seré la esposa de nadie.
Y en la última contienda te quitaré-¡guarda silencio!
-a aquél con quien Jacob luchó en la noche.
Pero hasta que te quedes con los brazos en cruz sobre el pecho,
-¡maldición! - tú te has de quedar contigo.
Tus dos alas, dirigidas al éter,
¡porque el mundo es tu cuna,
y el mundo es tu sepulcro!
****
Fragmento de carta enviada por Serguei Efron (el marido de Marina Tsvietáieva) a un amigo: Arrojarse de cabeza a un huracán se ha convertido para ella en una necesidad, ese es el aire que ella respira. Poco importa el objeto actual de ese huracán. Casi siempre (…) o mejor dicho, siempre, todo reposa en una auto-ilusión. Se inventa un hombre, y el huracán ya puede empezar. Si la insignificancia y los límites del objeto del huracán se descubren rápidamente, Marina se entrega a un nuevo huracán de desesperación, estado que favorece la llegada de un nuevo estímulo. Poco importa el qué; lo que importa es el cómo. No se trata de la realidad de las cosas, de la fuente de los sentimientos, sino de un ritmo enloquecido. Hoy es la desesperación, mañana será el entusiasmo, el amor, la entera donación de sí misma, y pasado mañana será de nuevo la desesperación. Y todo ello en presencia de una inteligencia lúcida, fría, cínicamente volteriana. (…) Es una inmensa hoguera cuyo encendido reclama madera, mucha madera. Se tiran las cenizas inútiles no siendo la calidad de la madera demasiado importante. Mientras el tiro funcione, todo se quema. Si la madera es de peor calidad, se consume más rápidamente, y si es mejor dura más tiempo.

5 comentarios:

Apuntes y notitas dijo...

Hola. Firmo porque me gusta éste blog.

Leyendo ésta primera carta...
Es inevitable que se me venga la cara de María Oneto leyendole cartas a la otra actriz que no recuerdo el nombre, en la película El acto. En realidad se me viene a la cara la parte en que le hace leer a la mina ésta que le gustaban los alfajores, y ella se iba modificando a través de esa horrible y genial lectura. Muy Bartís. Tremenda escena.

Un saludo

. dijo...

saludos en off

antiprímula dijo...

Ap.y Not.: Salvando algunas distancias geográficas y temporales... de Rusia, principios de un siglo a ponéle... Carapachay, principios del siguiente. Qué curiosa es la memoria a veces ¿no?. La otra actriz se llama Marta Pomponio. Gracias por tu visita.

. : Gracias, en on.

MxI dijo...

-Esto viene a colación de "Y Nada Más"(Tantanian)? sobre las cartas de la poeta rusa?

antiprímula dijo...

mxi: Claro, esa obra era sobre ella. Se puede ver más de la autora y de aquel trabajo en rusos.blogspot.com
Un beso.