sábado, 12 de enero de 2008

"Venus y Adonis". Fragmentos.

"He aquí mi profecía: Desde hoy el amor tendrá por compañero al dolor. Su comienzo será dulce, mas su final amargo. Alto o bajo, jamás se equilibrará, de suerte que los que mejor se amen, no disfrutarán de sus amores". Así habló Venus.
*****
No bien el sol, de semblante purpúreo acababa de recibir el último adiós de la aurora en lágrimas, Adonis, el doncel de las mejillas de rosa corría a los placeres de la caza. Amaba la caza y se reía con desdén del amor.
Venus, oprimida por el deseo va en derechura hacia él y como un atrevido pretendiente le hace, por asalto, la corte: "Tú, tres veces más bello que yo misma. Tú, flor principal de la pradera, siéntate aquí, junto a mí, que no bien lo hagas te ahogaré con mis besos". Y enfebrecida en su pasión le llama bálsamo, soberano ungüento de la tierra para la cura de una diosa.
El tierno mancebo se ruboriza y enoja. Con triste desdén la trata de "entrometida" y vitupera su mala conducta. Ella sigue implorando, e implora gentilmente "Oh! Piedad, niño de corazón de roca, sólo te pido un beso". Y encendida y ardiente lo empuja de espaldas, tal como quisiera verse derribada y aunque le domina por la fuerza, no lo hace por la concupiscencia. "Si yo fuera fea de cara, horrible, de vejez rugosa, cegata, estéril y sin jugo, entonces pudieras vacilar pues no sería digna de tí. Pero no teniendo defecto alguno ¿por qué me rechazáis? ¿qué mal pueden hacerle a tus labios un pobre y simple beso? ¡Dame un beso!"
Adonis responde: "No, dejádme, basta, basta de amor. No conozco el amor ni quiero conocerlo, a menos que sea una jabalí, para entonces cazarlo. Os lo ruego, si algún amor os he inspirado, dejádme partir. Os diré buenas noches, tú dirás otro tanto y... si consentís, obtendréis un beso". "Buenas noches, buenas noches" replica Venus y antes que él pueda decir adiós se cobra el dulce precio de la despedida. Sus brazos entrelazan su cuello hasta que juntos, sin respiración, caen en tierra. La diosa se nutre glotonamente sin lograr saciarse, sus labios imperan, habiendo conocido la dulzura del botín Venus comienza a saquear con ciega furia, su rostro exhala vapores y humo, hierve su sangre con lujuria sin freno.
El pobre burlado le suplica ahora que lo deje partir y la piedad manda a Venus que no lo retenga. "Oh! Dulce doncel, paladín del amor, dime ¿nos veremos mañana? ¿me das tu palabra? ¿nos veremos? ¿nos veremos mañana?" "No, pues mañana iré a la caza del jabalí con algunos de mis amigos. Mirad, la noche va a cerrar y mis amigos me esperan". Dicho lo cual, se retira presuroso a su albergue, dejándola a ella tendida en el suelo y sumamente afligida.
"¿El jabalí?" grita ella, y al nombrarlo una repentina palidez invade todo su rostro. "Oh, tú no sabes lo que es herir con la punta de una jabalina a un puerco salvaje; al irritarse, sus ojos brillan como gusanos fosforescentes, su jeta va cavando tumbas por donde quiera que pasa. Él no repararía en tu belleza sino que de tenerte a su merced arrancaría esos encantos como arranca la hierba. Qué sería de mí si eso pasara, si de solo pensarlo me estremezco".
*****
Así sucumbió Adonis. Corrió con su aguda lanza hacia el jabalí que no afilaba sus defensas contra él, sino que quería desarmarle con un beso, y acomodándole en su hocico, el amoroso puerco le hundió, inopinadamente, el colmillo en su tierno costado.
*****
"Has muerto, serás un ángel, de tu cuerpo puro y hermoso brotarán violetas, mientras que yo estaré aquí, maldecida, bramando en los infiernos". Dicho esto la diosa cae desplomada en tierra y enjuaga su rostro en su sangre coagulada.

jueves, 10 de enero de 2008

Mezcladito precoz

Hace un tiempo entraron a mi casa unos caballeros, o quizá damas, por qué no. A mi casita. Yo no estaba, y no los había invitado. Si hablara con un astrólogo seguro que me diría que aquella fue una semana de tránsitos opuestos que huracanaron mi cielo, o algo así, dejando puro desorden. Pero no hablo con astrólogos, me lo imagino, y me suena bien la frase. Adorno lo que, dicho en criollo, se reduciría a que fue una semana de mala leche.
Fue una tarde de domingo cuando vinieron los auto invitados. Una tarde de domingo, como el cuento de Arlt, pero sin Leonilda ni Eugenio. (Mezclo los temas, perdón). Cuando volví de no recuerdo dónde encontré absolutamente todo lo que se puede llamar objeto en una casa formando parte de una gran montaña indiscernible de cosas, cositas y cosos. Encontré la mencionada instalación plástica y dos ausencias: la ventana con su reja y otra que ha arruinado mi economía por unos cuantos años. En fin. Esto es anecdótico y no tiene nada de especial.
Acomodar el caos fue difícil, conté con la ayuda de un gran amigo, el pobre santo soportó mi desasosiego, me asiló el tiempo que necesité y colaboró en un arduo volver los cosos, cosas y cositos a sus lugares.
Ahora la casa está en orden. Las plantas exultan verde, los cajones y las bibliotecas recuperaron su quietud y Bruno me colma con su amor felino.
Quedó una bolsa. Una bolsa que en esos días, en el afán de terminar de ordenar, llené con papeles, fotos, escritos que aparecieron desperdigados por el piso y vaya a saber de qué sobres provenían. Sobres que almacenaban recuerdos y fueron rasgados en la presunción de poseer algún tesoro oculto. Sobres que fueron rellenados cada uno en sus épocas. Y en consecuencia de haber nacido en un tiempo determinado, contaban con cierta clasificación. De ese modo podían ser pizpeados según la melancolía que aflorara o quedar cerrados para siempre, transportados así de mudanza en mudanza, y abiertos recién el día en que unas manos cumplan con la tarea de desarmar mis cositos cuando yo ya esté mudada sin vuelta posible a mi último e irrefutable domicilio.
No puedo con esa bolsa. No me animo a darla vuelta y volver a clasificarla. Me asomo y entreveo el carnet de SADAIC que mi abuelo portaba cuando era joven, fotos de mis hermanos en un verano infantil en Mar del Plata, varias cartas de dos grandes ex amores que fueron escritas cuando distaban mucho de ser exes, folletos de obras en las que participé, la foto de un novio que fijó su último e inmodificable domicilio hace un par de años, un boletín de cuarto grado, otra foto de los cuatro años en la que estoy subida a un pony que arrastraba mi papá y no sé cuántas cosas más. Es una bolsa enorme.
*** Pienso en el alzheimer. Así ha de ser. Tengo una bolsa con alzheimer. Con mi alzheimer. Como un adelanto. La memoria mezclada. El pasado desordenado. De ella puede salir cualquier cosa.
*** ¿Qué es la memoria?. ¿Y el pasado?. No sé qué hacer con esa bolsa. Tal vez la queme.

miércoles, 9 de enero de 2008

Sobre la libertad. Bakunin (1814-1876).

"Yo no soy verdaderamente libre más que cuando todos los seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres. La libertad de los demás, lejos de restringir o de negar mi libertad, es, por el contrario, su condición necesaria y su confirmación. Me vuelvo libre, en el verdadero sentido, sólo gracias a la libertad de los demás: cuanto mayor es el número de personas libres que me rodea y más profunda y más grande y extensa su libertad, más profunda y mayor se torna la mía. Por el contrario, es la esclavitud de los hombres la que establece una barrera para mi libertad, su bestialidad implica la negación de mi humanidad porque, lo repito nuevamente, puedo considerarme una persona libre sólo cuando mi libertad, o sea, mi dignidad y mi derecho humano, cuya esencia es no obedecer a nadie y seguir la guía de mis propias ideas, es reflejada por la conciencia igualmente libre de todos los hombres y vuelve a mí, confirmada por el asentimiento de todos. Mi libertad personal, así confirmada por la libertad de todos los demás, se extiende al infinito".
***
(Nota: No es literatura pero no cuento con una etiqueta que encuadre mejor el párrafo).

martes, 8 de enero de 2008

Manuel Puig (1932-1990)

"Me resulta todo muy confuso. Por eso es que le pido que me lleve hasta el centro mismo de la plaza. Así tengo una perspectiva más clara. Voy a estar a la misma distancia de las cuatro esquinas, por lo menos."
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de "Maldición eterna a quien lea estas páginas".

domingo, 6 de enero de 2008

Marina Tsvietáieva (Moscú, 1894-Yelábuga, cerca de Kazán, 1941)

Fragmento de carta enviada por Marina Tsvietáieva a Rilke. Rainer, quiero encontrarme contigo, quiero dormir junto a ti, adormecerme y dormir. Simplemente dormir. Y nada más. No, algo más: hundir la cabeza en tu hombro izquierdo y abandonar mi mano sobre tu hombro izquierdo, y nada más. No, algo más: aún en el sueño más profundo, saber que eres tú. Y más aún: oír el sonido de tu corazón. Y besarlo.
Dos poemas de Marina
Se ha ido. Ya no como:
quedó sin gusto el pan.
Se ha ido - todo es tiza
si lo llego a tocar.
...Para mí, era el pan,
era la nieve;
ya la nieve no es blanca,
el pan no sabe a nada.
***
Te arrebataré a todas las tierras o cielos,
porque el bosque es mi cuna,
y el bosque es mi sepulcro,
porque con un solo pie apenas piso la tierra,
porque sé cantar para ti como nadie sabe.
Te arrebataré a todos los tiempos y noches,
a todas las doradas banderas,
a todas las espadas,
esconderé las llaves,
echaré de la entrada a los perros,
porque en la noche invernal soy más fiel que un perro.
Te arrebataré a todas las demás y a aquella,
la única,
no serás el prometido de nadie,
no seré la esposa de nadie.
Y en la última contienda te quitaré-¡guarda silencio!
-a aquél con quien Jacob luchó en la noche.
Pero hasta que te quedes con los brazos en cruz sobre el pecho,
-¡maldición! - tú te has de quedar contigo.
Tus dos alas, dirigidas al éter,
¡porque el mundo es tu cuna,
y el mundo es tu sepulcro!
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Fragmento de carta enviada por Serguei Efron (el marido de Marina Tsvietáieva) a un amigo: Arrojarse de cabeza a un huracán se ha convertido para ella en una necesidad, ese es el aire que ella respira. Poco importa el objeto actual de ese huracán. Casi siempre (…) o mejor dicho, siempre, todo reposa en una auto-ilusión. Se inventa un hombre, y el huracán ya puede empezar. Si la insignificancia y los límites del objeto del huracán se descubren rápidamente, Marina se entrega a un nuevo huracán de desesperación, estado que favorece la llegada de un nuevo estímulo. Poco importa el qué; lo que importa es el cómo. No se trata de la realidad de las cosas, de la fuente de los sentimientos, sino de un ritmo enloquecido. Hoy es la desesperación, mañana será el entusiasmo, el amor, la entera donación de sí misma, y pasado mañana será de nuevo la desesperación. Y todo ello en presencia de una inteligencia lúcida, fría, cínicamente volteriana. (…) Es una inmensa hoguera cuyo encendido reclama madera, mucha madera. Se tiran las cenizas inútiles no siendo la calidad de la madera demasiado importante. Mientras el tiro funcione, todo se quema. Si la madera es de peor calidad, se consume más rápidamente, y si es mejor dura más tiempo.

martes, 1 de enero de 2008

Porque no pareció un boy scout

Ésta, mi tierra,.

abandonada a medio explorar.

posee claros, .

un arroyo con cascada, .

una corta meseta, .

cinco árboles frondosos, .

un recóndito jardín de flores silvestres, .

y dos parcelas de aromáticas .

que aún no has visto.

**.

En las tardes de calor.

se reseca y cuartea,.

imaginando tus pasos. .

**.

Por las noches, .

tres lágrimas .

(una de cada ojo) .

hechas rocío .

la humedecen. .

**.

Así, de mañana, .

fresca y abierta.

espera tu vuelta, .

que termines de descubrirla..

**.