Le dieron té, que bebió, pero le quedó un terrón de azúcar en el plato -y adelantó la mano para llevárselo a la boca- pero acaso encontró que el gesto no estaba bastante justificado, y por consiguiente volvió a retirar la mano -pero realmente el retirar la mano estaba todavía menos justificado- de modo que volvió a alargar la mano y se comió el azúcar -pero ya no lo comía por gusto, sino para portarse correctamente... ¿con el azúcar o con nosotros?... y, para borrar aquella impresión, tosió, y, para justificar la tos, se sacó el pañuelo del bolsillo, pero llegado a aquel punto ya no se atrevió a sonarse- y se limitó a mover el pie. El movimiento del pie le produjo, al parecer, nuevas complicaciones, de modo que se calló y se inmovilizó por completo.
Aquel singular comportamiento (ya que en verdad no hacía más que "comportarse", "se comportaba" sin parar) despertó ya entonces, en aquel primer encuentro, mi curiosidad...
de "La seducción". Witold Gombrowicz.