domingo, 17 de agosto de 2008

por lo sano

Me duele una muela. Me esfuerzo sobremanera para arrancarme un amor equivocado. Me como unos fideos con un tercio de salsatti fría. Me tomo unas copas de vino. Me cruzo de piernas en el piso, respiro hondo, cierro los ojos para relajar pero Bruno salta sobre mis hombros y muerde mi espalda: es punk, no acompaña mi noche melancólica de domingo.
Vuelvo a pensar en mi amor equivocado, en arrancarlo, en arrancar el dolor, en lo equivocado, en mi equivocación de amor.
Me vuelve a doler la muela.
Me siento miserable, y sumo la conciencia de la miserabilidad de mis estúpidos sufrimientos, en sus burgueses y neuróticos contornos.
¿Un "amor equivocado" y mis fideos con salsa e intentar meditar siendo archi occidental y mis copas de vino?
Bruno entiende más de lo que creo.
Voy al baño, ato una soguita entre el picaporte y mi muela: la arranco. Sangra. Ya parará.
***.

Presentación en sociedad virtual. Con ustedes: Bruno Schulz.

Antiprímula crucificada

Witold Gombrowicz y Juan Carlos Gómez
Debo aceptar que la desmesura está en mi naturaleza, y que hasta en la distancia es percibida, quienes me conocen en profundidad saben que mi ser "temperamental" es una forma que a veces padezco, otras me perjudica pero también me evita otra forma no menos despreciable como el rencor. Digo, hago, no guardo, no almaceno cosas que después se pudren. No está bien ni mal, son formas. Tiene sus pro y sus contras.
De un tiempo a esta parte recibo las circulares del club Gombrowiczidas, que son escritas todas por Juan Carlos Gómez (el "Goma" amigo de Witoldo), y que leo con entusiasmo. En otra oportunidad (ver aquí) mencioné la existencia del mencionado club fundado por Gómez.
Esta vez (y acá todo se une), me tocó en suerte ser escrutada por el presidente del club. Su bello escrito comienza hablando de "Juana, la loca". Creo que recibirlo es uno de los pro mencionados. Si bien dudo si se trata de un halago o de una crítica feroz, elijo lo primero porque siendo católica como Juana me expongo a menudo a ser crucificada. (También puedo velar por años a algún Felipe, claro. No tengo más coincidencias con una reina).
Aquí va lo recibido, inaugura una nueva etiqueta, Gombrowiczidas por Juan Carlos Gómez:
GOMBROWICZIDAS LA CRUCIFICADA "Juana la Loca" era hija de los reyes católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, que le habían dado a España la unificación total: unidad religiosa, unidad territorial y política, fue heredera de un imperio en el que jamás se ponía el Sol. Bellísima, inteligente y bien dotada para la música, Juana de Aragón y Castilla, segunda hija de los reyes católicos de España, pasó a la historia con el impiadoso apelativo de "Juana la Loca". Se lo ganó después de actos tan desmesurados como velar por espacio de diecinueve años el cadáver de "Felipe el Hermoso", su marido. Para los historiadores, el de ella no era un desequilibrio cualquiera: tuvo origen en un gran amor que ciertas circunstancias transformaron en locura. Esta referencia a "Juana la Loca" es una buena introducción a relatos sobre algunas de las aventuras que corrió Gombrowicz en las que la locura y la heráldica aparecen como personajes. La locura era un asunto que preocupaba realmente a Gombrowicz, la sangre enfermiza de los Kotkowski que había heredado de su madre pesaba sobre él como una amenaza de posibles perturbaciones psíquicas. Ese temor fue más intenso en los años en que su imaginación estaba desbocada y oscilaba entre la neurosis y la psicosis. La neurosis estaba radicada en la zona consciente de sus complejos a los que transformaba en un valor cultural escribiendo. La esfera de la psicosis le ocultaba, en cambio, sus trastornos psíquicos y el control era menor. Como a Gombrowicz le gustaba experimentar en la vida de todos los días armaba numeritos teatrales con la heráldica y con la locura. En una pensión distinguida, en la que se alojaba gente del mejor tono de la aristocracia, aterrizó un señor de apellido desconocido con unas maletas espléndidas y un traje sport deslumbrante. El hombre se equivocó, confundió la pensión, pero como había una habitación disponible lo alojaron. Se presentó con entusiasmo manifestando vivos deseos de tomar parte en la conversación, pero la conversación no lo quería, a pesar de que todos intentaban ser amables con él. Era un mundo pequeño que tenía sus propios argumentos, sus parientes y un estilo propio de bromear y provocar. La reacción normal hubiera sido el aburrimiento o la indiferencia, pero ese forastero quedó encantado precisamente por el hecho de que no comprendía nada. El deslumbramiento por el secreto ajeno es bastante conocido, el pobre hombre vivía con la esperanza de que, finalmente, sería aceptado por los pensionados, pero cuando empezó a inmiscuirse en los asuntos del grupo fue rechazado. Gombrowicz, en su condición de escritor y oveja negra de ese pequeño círculo de gente respetable, se le acercó amistosamente y lo azuzó contra los demás, hasta que la situación alcanzó límites de locura y el miserable perdió la cabeza. Lo convenció de que su ropa y sus maletas eran demasiado nuevas, y de que ésa era la razón por la que lo trataban con malevolencia, como si fuera un advenedizo. Pasaron toda una tarde revolcando su vestuario en la basura y raspando sus maletas con un cuchillo para que parecieran viejos. En las vísperas de la guerra, cuando Europa estaba arrastrada por la vanguardia, el proletariado, el surrealismo, el social realismo, el ocaso de la burguesía y del feudalismo, Gombrowicz maniobraba en una mesa del café Ziemianska de Varsovia con su abolengo: –Mi abuela es prima de los Borbones españoles. Realizaba también actos de servidumbre, por ejemplo, le alcanzaba el azúcar a un poeta de clase social alta, y no al mejor poeta que era de familia pobre. Apoyaba la opinión de otro porque era de una familia de terratenientes: –La poesía es muy importante pero ante todo te aconsejo que no seas provinciano. Aparecían algunas protestas: –No, señores, el arte es un fenómeno esencialmente heráldico. Y así durante meses, años, con la imperturbable lógica del absurdo. Los otros chillaban y vociferaban pero, poco a poco, sucumbían; una ya decía que su abuelo era terrateniente, otro, que la hermana de su abuela era del campo, otro más empezaba a dibujar su blasón en la servilleta. "¿Socialismo? ¿Surrealismo? ¿Vanguardia? ¿Proletariado? ¿Poesía? ¿Arte? No. Un bosque de árboles genealógicos y nosotros a su sombra. Me dijo el poeta Broniewski: –¿Qué está haciendo? ¿Qué sabotaje es éste? ¡Usted ha logrado contagiar de heráldica hasta a los comunistas!" El Pibe Luz, uno de los integrantes de la barra del Rex, probablemente estimulado por las maniobras que realizaba Gombrowicz con los contertulios en las mesas de café, nos comunicó una noche que era pariente lejano de "Juana la Loca", a partir de entonces fue conocido por todos nosotros como "Juano el Loco". "Le ruego, Gómez, llámeme el martes (34-8792) porque quién sabe si no tendré para Vd. una proposición no carente del todo de interés. Me alegro de veras que no tendrán ya obligación de contestar a ésta y es por eso que la escribo, ya que no quisiera ponerlos en una situación molesta. A Dios, Gómez., a Dios, Alemán, a Dios, Cugat, Acevedo, Fernández, Pibe Luz etc. etc. a Dios" Sea como Pibe Luz o como "Juano el Loco", Gombrowicz tenía la costumbre de torturar a este ingeniero comunista, durante horas el pobre se defendía con una sonrisita crispada hasta que no aguantaba más y se iba. Sin alcanzar los niveles heráldicos y los estados de locura que caracterizaban algunas de las relaciones de Gombrowicz, yo también puedo poner sobre la mesa experiencias que rozan estos talantes aunque sean menos llamativas. La Crucificada estaba tomando la costumbre de publicar gombrowiczidas en su blog sin mencionar mi nombre. "Cuando publiqués gombrowiczidas tené la delicadeza de poner mi nombre, yo soy el autor ¿sabés? En caso contrario serás crucificada" "(...) Me arranco los clavos con los dientes y con las manos ensangrentadas ya lo retiro. Cuando recibí lo primero de Gombrowiczidas, fue citado en el blog con todos los datos pertinentes, no creí que fuera necesario citarlo cada vez. Los cuatro que han de visitar antiprímula saben de qué se trata. No obstante pido disculpas si resultó grosero o descortés no volver a mencionar su autoría. Me pareció bello ese escrito, no más. Mis respetos. Punto" En una de las imágenes que forman parte de este gombrowiczidas aparece la Crucificada actuando junto a Norman Briski en el "Doble Concierto". El grado de locura que debe tener una mujer representando el papel de la esposa de un pianista encarnado en el cuerpo de ese gran actor que es Norman Briski, no hace falta demostrarlo.

* Este post está dedicado a Juan Carlos Gómez, a Gombrowicz y a los que saben no crucificarme por mis excesos.

martes, 12 de agosto de 2008

volver a la poesía

aquí.
ella ama.
la tormenta.
dice amar.
la pasión.
de la tormenta.
lugar sin límite.
donde está.
su cuerpo.
tormenta.
quebrando.
el aire.
ser.
la furia misma.
que pasa.
y desaparece.
Silvina Sazunic, Hablar de la pasión, 1990.

jueves, 7 de agosto de 2008

Ana Ajmátova x 4

1. 3 de Réquiem
No, no soy yo, es otra la que sufre.
Yo no podría. Que ensombren
lo ocurrido negros velos
y retiren los faroles...
Noche.
**
2. Recuerdo de Nicolás Punin
Y aquel corazón tampoco responderá
a mi voz, a su alegría o aflicción despierta.
Todo terminó... Y mi canción resonará
donde ya nada queda de ti, en la noche desierta.
**
3. Sin título
Dijo que para mí no había competidora.
Que para él no era una mujer terrenal,
sino del sol invernal la luz consoladora
y el cantar silvestre de la tierra natal.
Que cuando muera no se pondrá a sufrir,
ni fuera de sí "resucita" a gritar,
sino de repente verá que no puede vivir
sin sol el cuerpo y el alma sin cantar.
... ¿Pero ahora qué?
**
4. Sin título
Ah, tú te creíste que yo soy del talante
que si en tu olvido me hallo,
me dejarías suplicando y sollozante
bajo los cascos del caballo bayo.
**
O que iría a pedir a la curandera
la raíz de aguas hechizantes
y que un terrible regalo te diera:
mi preferido pañuelo fragante.
**
Maldito seas. Ni con mirada ni gemir
voy a rozar tu alma condenada,
sino que te juro por el Angélico Jardín,
ante el milagroso ícono inclinada,
por nuestra ardiente embriaguez nocturna:
yo contigo jamás volveré nunca.

**

Ana Ajmátova, seudónimo de Anna Andreievna Gorenko, nació cerca de Odessa en 1889. Con veintitrés años publicó su primer libro de poemas. En 1934 su primer marido, el también poeta Gumilev, fue acusado de actividades cotrarrevolucionarias y murió fusilado. En 1938 Lev, su único hijo, fue encarcelado. Durante diecisiete meses, Ana Ajmátova hizo cola todas las mañanas ante la cárcel de Leningrado para tener noticias de él. De esta experiencia nacería uno de sus poemarios más hermosos: Réquiem, publicado el 1963, el mismo año en que se le concedió el Premio Internacinal de Literatura. Murió en Domodedovo, cerca de Moscú, en 1966.

jueves, 31 de julio de 2008

el amigo de Konrád

"Konrád sí que palidecía cada vez que escuchaba música. Cualquier tipo de música, incluso la más popular, lo tocaba tan de cerca como si le estuvieran tocando el cuerpo de verdad. Palidecía, sus labios temblaban. La música le decía algo que los demás no podían comprender. Probablemente las melodías no le hablasen al intelecto. La disciplina en la que vivía, en la que había crecido, la disciplina que le había ayudado a obtener su lugar y su rango en el mundo, la disciplina que él mismo había elegido de manera voluntaria -como el creyente que escoge por sí solo la culpa y el castigo-, esa disciplina desaparecía en tales momentos, y su cuerpo tenso y crispado se relajaba..."

"Yo he llegado a pensar que la amistad es un lazo parecido a la unión fatal de los gemelos. Esa peculiar correspondencia de las vocaciones, de las simpatías, de los gustos, de los aprendizajes, de las emociones ata a dos personas y les asigna un mismo destino. Hagan lo que hicieran contra el otro, sus destinos seguirán siendo comunes. Huyan donde huyeren, seguirán sabiendo el uno del otro lo que resulte importante. Ya elijan un nuevo amigo o una nueva amante, no se librarán de sus vínculos sin el permiso secreto y tácito del otro. El destino de estas personas transcurre así, de manera paralela, aunque el uno se aparte del otro y se vaya muy lejos, al trópico, por ejemplo. Todo eso pensé, distraídamente, allí, en tu habitación, el día de tu huida..."

"Nosotros éramos amigos -dice en voz muy alta-. Entérate de una vez, por si todavía no lo sabes. Claro que lo sabes, lo habrás descubierto antes o después, en el trópico o en otra parte. Éramos amigos, y esta palabra tiene unos significados cuya responsabilidad sólo la conocen los hombres..."

"No se puede ser pariente de Chopin sin consecuencias..."

miércoles, 30 de julio de 2008

El resplandor (de la navaja)

De cuando te encandilabas en la arena
por la infranqueable armadura de su piel
recuerdo, la belleza y el silencio
¿por qué postales en sepia?
¿por qué dobleces con filo?
**
Es el sol, o el reflejo del sol de tu ventana
es el muro que besas en las noches
y sigue siendo de piedra encadenada
¿por qué flores de acero?
¿por qué corazones latiendo?
**
Sí, recuerdo, te degollaste (o te desollaste)
en invierno, en la noche, en silencio
¿inventaste su presencia en cada hueco?
al menos su perfume está
(calándote los huesos)
**
Un dolor agridulce me convidas
se abre en mi pecho una grieta (que grita)
y los ejércitos vienen sin tiempo
a despertar mi ceguera
como un reflejo gris, cortajeado
**
Si, ninfa de miel y jazmines
bailas para él en la sombra
y él cumple su ilusión guerrera
en un país sin guerra
(¿es esa estupidez la que enamora?)
**
Poema, click over: Coni