lunes, 10 de septiembre de 2007

Vincent. Pensar la pintura para pensar la actuación.

Mi gran deseo es aprender a hacer deformaciones o inexactitudes o mutaciones de lo verdadero; mi deseo es que salgan, si es necesario, hasta mentiras, pero mentiras que sean más verdaderas que la verdad literal. Vincent Van Gogh

sábado, 8 de septiembre de 2007

Witkiewicz

Una amiga de Witkacy. Al pie, como en todos sus cuadros, figuran la fecha de la obra, su nombre y los estímulantes o narcóticos que pueden haber afectado su estado de ánimo al realizar el trabajo. (En algunos cita fórmulas, por ejemplo: alcohol+cocaína o peyote+tabaco+alcohol)
¡Qué aparato! Pero escribía y pintaba muy bien.

Susana Thenon. Canto nupcial (título provisorio).

me he casado
me he casado conmigo
me he dado el sí
un sí que tardó años en llegar
años de sufrimientos indecibles
de llorar con la lluvia
de encerrarme en la pieza
porque yo -el gran amor de mi existencia-
no me llamaba
no me escribía
no me visitaba
y a veces cuando juntaba yo el coraje de llamarme
para decirme: hola ¿estoy bien?
yo me hacía negar
llegué incluso a escribirme en una lista de clavos
a los que no quería conectarme
porque daban la lata
porque me perseguían
porque me acorralaban
porque me reventaban
al final ni disimulaba yo
cuando yo me requería
me daba a entender
finamente
que me tenía podrida
y una vez dejé de llamarme
y dejé de llamarme
y pasó tanto tiempo que me extrañé
entonces dije
¿cuánto hace que no me llamo?
añares
debe de hacer añares
y me llamé y atendí yo y no podía creerlo
porque aunque parezca mentira
no había cicatrizado
solo me había ido en sangre
entonces me dije: hola ¿soy yo?
soy yo, my life, y añadí:
hace muchísimo que no sabemos nada
yo de mí ni mí de yo
¿quiero venir a casa?
sí, dije yo
y volvimos a encontrarnos
con paz
yo me sentía bien junto conmigo
igual que yo
que me sentía bien junto conmigo
y así
de un día para el otro
me casé y me casé
y estoy junto
y ni la muerte puede separarme

miércoles, 5 de septiembre de 2007

César Vallejo

"... Yo creía hasta ahora que todas las cosas del universo eran, inevitablemente, padres o hijos. Pero he aquí que mi dolor de hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para anochecer, tanto como le sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en la estancia oscura, no daría luz y si lo pusiesen en una estancia luminosa, no echaría sombra. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro solamente."
de "Los heraldos negros", de Vallejo, en uno de esos días en que uno no debería haber salido de su agujero.

martes, 4 de septiembre de 2007

Agudo. (De escritores sin palabras escritas.)

Gombrowicz en una corta diatriba publicada con el título "Contra los poetas" se despacha, sin perder altura por cierto, en contra del mundo cerrado, viciado, aburrido de la poesía y de los "poetas" que escriben para "otros poetas", entre otras observaciones críticas sobre el tema. La misma publicación cuenta que al finalizar la disertación, frente a un amplio público, en su mayoría poetas, uno de ellos se puso de pie y recitó un poema con gran afectación. Cuando hubo finalizado Witoldo dijo "Gracias por ilustrar esta conferencia", y se retiró.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Jean Paul Sartre. Drenar: pensamientos, sangre, palabras, algo de lo personal, sempiterno ¡ah, la existencia!

"Es necesario que el hombre se encuentre a sí mismo y se convenza de que nada puede salvarlo de sí mismo así sea una prueba valedera de la existencia de Dios".
“Me levanto sobresaltado; si por lo menos pudiera dejar de pensar, ya sería mejor. Los pensamientos son lo más insulso que hay. Más insulso aún que la carne. Son una cosa que se estira interminablemente, y dejan un gusto raro. Y además, dentro de los pensamientos están las palabras, las palabras inconclusas, las frases esbozadas que retornan sin interrupción: ”Tengo que termi… yo ex … Muerto … M de Roll … ha muerto…No soy… Yo ex…” Sigue, sigue, y no termina nunca. Es peor que lo otro, porque me siento responsable y cómplice. Por ejemplo, yo alimento esta especie de rumia dolorosa: existo. Yo. El cuerpo, una vez que ha empezado, vive solo. Pero soy yo quien continúa, quien desenvuelve el pensamiento. Existo. Pienso que existo. ¡Oh, que larga serpentina es esa sensación de existir! Y la desenvuelvo despacito… ¡Si pudiera dejar de pensar! Intento, lo consigo: me parece que la cabeza se me llena de humo… y vuelve a empezar: “Humo... no pensar... No quiero pensar. No tengo que pensar que no quiero pensar. Porque es un pensamiento”. ¿Entonces no se acabará nunca? Yo soy mi pensamiento, por eso no puedo detenerme. Existo porque pienso… y no puedo dejar de pensar. En este mismo momento -es atroz - si existo es porque me horroriza existir. Yo, yo me saco de la nada a la que aspiro; el odio, el asco de existir son otras tantas maneras de hacerme existir, de hundirme en la existencia. Los pensamientos nacen a mis espaldas, como un vértigo, los siento nacer detrás de mi cabeza..., si cedo se situarán aquí delante, entre mis ojos, y si sigo cediendo, y el pensamiento crece, crece, y ahora, inmenso, me llena por entero y renueva mi existencia. Mi saliva está azucarada, mi cuerpo tibio; me siento insulso. Mi cortaplumas está sobre la mesa. Lo abro. ¿Por qué no? De todos modos, así introduciría algún cambio. Apoyo la mano izquierda en el anotador y me asesto un buen navajazo en la palma. El movimiento fue demasiado nervioso; la hoja se ha deslizado, la herida es superficial. Sangra. ¿Y qué? ¿Qué es lo que ha cambiado? Sin embargo, miro con satisfacción en la hoja blanca, a través de las líneas que tracé hace un rato, ese charquito de sangre que por fin ha cesado de ser yo. Cuatro líneas en una hoja blanca, una mancha de sangre: es un hermoso recuerdo. Tendré que escribir encima: “Ese día renuncié a escribir un libro sobre el marqués de Rollebon”. ¿Me curaré la mano? Vacilo. Miro el ligero fluir monótono de la sangre. Justamente ahora se coagula. Se acabó. Mi piel parece enmohecida alrededor del tajo. Debajo de la piel sólo queda una pequeña sensación semejante a las otras, quizá más insulsa todavía. Dan las cinco y media. Me levanto, la camisa fría se me pega a la carne. Salgo. ¿Por qué? Bueno, porque tampoco tengo razones para no hacerlo. Aunque me quede, aunque me acurruque en silencio en un rincón, no me olvidaré. Estaré allí, pesaré sobre el piso. SOY.”
de "La náusea".

sábado, 1 de septiembre de 2007

Tranquilizador

Hoy un amigo contaba una anécdota de su infancia. Decía que conoció un gigante, en Córdoba, que ayudaba a los chicos a subirse a los árboles (y a él también, por supuesto.) La historia era simpática y tierna, era más larga, pero no viene al caso. Yo me distraje en otra escena. En la misma mesa de bar había otro individuo que escuchaba con atención, y que me intimidaba un poco por su inteligencia (le había escuchado algunas agudezas). Cuando terminó el cuento susurré por lo bajo que algo de lo relatado me hacía acordar a algo que no podía identificar del todo en mi memoria. El intimidante hombre, que no sé cómo escuchó mi susurro, ya que había sido muy bajo y en dirección opuesta a donde el estaba, me dijo "Gulliver". Yo dije "No, no creo que sea tan obvio, me parece que es más sofisticado". Levantó su hombro derecho, frunció los labios y de manera muy tranqulizadora agregó "¿Por qué no? ¿Para qué sofisticado? No está mal pensar en Gulliver."
Me quedé contenta, creo que no era de Gulliver el recuerdo confuso, pero no importaba.