martes, 29 de abril de 2008

rebotando

Nos despedimos amablemente. Se sube a un taxi. Lo veo subirse, acomodar su saco de cuero y su mochila, indicar el destino, pedir al taxista que detenga el arranque, bajar la ventanilla, asomarse para volver a despedirse, amablemente. Veo al taxi alejarse, lo veo alejarse. Miro el cielo nocturno, la avenida, una mujer paseando a su foxterrier, un muchacho apuesto paseando un boxer, una pareja discutiendo. Cruzo Córdoba dos veces, ida y vuelta: no quiero volver a casa, quiero seguir aquel taxi. Como en las películas.
***
Estoy en casa, escribo.

domingo, 27 de abril de 2008

de rivera en la feria

Si el 3 de mayo a las 18 horas andan paseando por la feria del libro y se marean con la multiplicidad de estímulos visuales que ofrece (en la que el libro: el noble, el compañero, el silencioso "libro" queda absolutamente relegado) vénganse a vernos, nos encontrarán relegadas, mareadas, intentando románticamente decir o imprimir algo en el confuso y ruidoso ámbito moderno de la Feria Internacional.
Una nueva Revista Oral en la 34° Feria Internacional del Libro
La Revista Oral, organizada por la Secretaría de Cultura de la Nación, emula un espacio gráfico con presentaciones, editoriales, secciones de teatro, poesía y destacados musicales. Es de una actividad perfomática que recupera lo mejor de la tradición oral y la mística de los juglares y actores medievales. Cada número de la revista en esta edición de la Feria del Libro abordará un tema particular, de este modo los dos primeros versarán sobre el Bicentenario y el último será un homenaje en el centenario del nacimiento de Atahualpa Yupanqui.
Sábado 3 de Mayo 18 hs. BICENTENARIO Sala Javier Villafañe Presentación a cargo de Tom Lupo Música en vivo - Brian Chambouleyron: “Motivos del Bicentenario” con la colaboración creativa de Oscar Steimberg Editorial de Pablo Semán Jorge Dubatti entrevista a Ana María Shua Monólogo de Castelli en "La Revolución es un sueño eterno" de Andrés Rivera, interpretado por Mariana García De la Mata con dirección de Mirta Bogdasarian Recital de Poesía a cargo de Tom Lupo “Bouquet de González Tuñón, Borges, Macedonio Fernández, y otros” Última página - "Música de las Misiones Jesuíticas" con cuerdas de violines y una clave.

presentación de libro

Si el 30 de mayo a las 19 horas tienen la felicidad de estar en nuestro querido Uruguay no dejen de ir al Cabildo de Montevideo a la presentación de "Postales de sobremesa" de nuestro queridísimo Alejandro Keller.

sábado, 26 de abril de 2008

la vida te da sorpresas...

Ninguna de las etiquetas me pareció exacta para ser aplicada a este post, son varias las que pueden contenerlo. .
Haberme interesado frecuentemente y de distintas maneras en Gombrowicz me trajo satisfacciones y sorpresas. .
Al parecer mi desinteresado interés produjo, entre otras cosas, pertenecer a un misterioso club. .
De un tiempo a esta parte recibo a diario un texto de Juan Carlos Gómez (el "Goma" de las Cartas a un amigo argentino), quien con fervor, sin descontar domingos ni feriados, une con sus escritos a los socios del club que decidió llamar "Los gombrowiczidas". .
Un gustazo para mí. .
Transcribo hoy el orden del día. (Me gustó particularmente por El tigre. Y por varias otras cosas que no pienso explicar). Aquí va: .
***
EL TIGRE
"Me apasiona penetrar en una selva virgen o en un desierto salvaje, pero no me gustan los sitios donde te sacuden, cubren de polvo, asa, hiela, moja y encima tienes problemas para lavarte los dientes. Me defendía con tanta elocuencia que una conocida mía, testigo de la discusión, me invitó a hacer una excursión al Tigre" El río Paraná, antes de unirse con el Uruguay, forma un delta del tamaño de varias provincias polacas lleno de canales e islotes. La excursión parte del puerto del Tigre en un día espléndido. "Todo era verde y azul, agradable y ameno. En una parada sube una muchacha que... ¿cómo decirlo? La belleza tiene sus misterios. Hay muchas melodías bellas, pero sólo algunas son como una mano que oprime la garganta. Esta belleza era tan magnetizadora que todos se sintieron extraños y quizás, incluso, avergonzados; nadie se atrevía a admitir que la observaba, aunque no había ni un par de ojos que no contemplara a escondidas aquella espléndida aparición. De repente, la muchacha, con toda la tranquilidad del mundo, se puso a hurgarse la nariz" No hay cosa que esté más vinculada al tiempo que nuestra propia vida. La belleza detiene el tiempo, el encantamiento que produce en el hombre suspende la actividad de la vida trivial, pero si algún detalle de la vida trivial llega a alcanzarla, la belleza desaparece. Gombrowicz, en unos comentarios que hace en el "Diario" sobre Balzac, había escrito que es más fácil llegar a odiar a alguien por hurgarse la nariz que llegar a amarlo por haber compuesto una sinfonía. Mientras navegan observan una gran variedad de embarcaciones de muchos colores. "Diré de pasada que la Argentina maneja mejor los colores en la vida cotidiana que Europa. Aquí los colores de la ropa o de los objetos son más limpios, más vivos, más simpáticos y mucho más nobles que los de Francia, por ejemplo" Gombrowicz iba a bordo de un pequeño yate acompañado de algunos escritores y un pintor, y a medida que la conversación se hacía más intelectual y más pretenciosa se empieza a irritar. Se le forma la impresión de que en la Argentina la cultura funciona al revés, unos días atrás había podido admirar la actitud audaz y directa ante la vida y el mundo de un puñado de turistas sin educación que contemplaba el Aconcagua, y ahora, al escuchar la discusión de sus colegas, se volvía a sentir lo peor de la Argentina, ésa de la que se habla con una sonrisa de desdén como algo secundario e insignificante. Lo que pierde al arte argentino es el deseo de mostrarse a la altura del mundo. Caen inevitablemente en Borges, el mayor prosista de la Argentina, un escritor que, aunque poco leído, es admirado en toda Sudamérica. "Expreso mi opinión crítica..., para mi gusto esa metafísica fantástica es retorcida, estéril, aburrida y, en el fondo, poco original: –Es posible... Pero es el único escritor nuestro de alto nivel. Ha tenido muy buena prensa en París, ¿ha leído algo de ella? Sí, claro, es una lástima que no escriba de otra forma..., yo también preferiría verlo más vinculado a la vida y a la realidad, que fuese más de carne y hueso. Pero de todos modos es literatura" Con cierta frecuencia Gombrowicz compara el mundo literario polaco con el argentino. La falta de originalidad que obliga a relacionarse con la realidad a través de una autoridad y de una cultura ajena más madura, también la sentía en Polonia, pero con menos fuerza. Sin embargo, los argentinos tienen una ventaja sobre los polacos, con una historia de menos años, es decir, con menos pasado y, en consecuencia, con una literatura más joven y más pobre, tienen más sitio en la cabeza para dedicarlo al pensamiento y al arte universales. Los polacos, en cambio, están hasta la coronilla con sus tres poetas profetas cuyo estudio les ocupa casi todo el tiempo. El argentino conoce pues más de la literatura y de la historia del mundo. En cuanto a la filosofía y al pensamiento contemporáneo reciente, Gombrowicz supone que tanto los literatos polacos como los argentinos en general no tienen ni la menor idea. La Argentina, en el sentido intelectual y artístico, es casi una colonia francesa, lo reconocen los mismos argentinos. "Los polacos los superan en temperamento, en poesía y en un mayor sentido de la realidad. En temperamento, porque al argentino no le gusta hacer locuras, posiblemente no le guste siquiera vivir demasiado intensamente... En poesía, porque aquí falta lo lírico. En el sentido de realidad porque el arte argentino parece estar creado en la luna" Pero el Tigre toma un aspecto verdaderamente siniestro cuando Gombrowicz escribe unas páginas en los diarios sobre la hijita quemada de Simón. El crujido era como el de la bestia que ya conocían, pero surgía de abajo, de lo más profundo, de un objeto inanimado. Gombrowicz empezó a sentir miedo, no creía en el diablo, Simón era incapaz de matar a una mosca, ... pero... Ese monstruo nacido de un grito humano, del ladrido de un perro y de el crujido de un papel se asociaban con la pobre hijita de Simón. Gombrowicz sintió una profunda desconfianza y pensó en escaparse. Calculó que si empezaba a caminar rápidamente podía alejarse de Simón. Apareció un silencio igual al que había aparecido con la pregunta por la calle Corrientes, entonces, Gombrowicz se marchó. Caminaba hacia la estación para perderse en ella, llega a la ventanilla: –¿A dónde va?; –A Tigre. Pero detrás de él sintió la voz de Simón: –A Tigre. Gombrowicz huía y Simón lo perseguía. Gombrowicz no se hubiera preocupado demasiado si no hubiese sido por cierto detalle escabroso, por ese reptil que se oculta en el seno tenebroso de la existencia: el dolor. Le importaría todo un comino si no doliera, pero ya está informado del dolor de la pequeña niña de Simón, esa niña quemada y animalizada por el grito, el ladrido y el crujido de un papel. Llegó el tren y se subieron. Avanzaban hacia Tigre, pero, ¿por qué hacia Tigre?, iban a Tigre sin ninguna razón, raptados por el tren, pero...¿el tigre no es un animal? Simón se movió en medio de la gente, Gombrowicz intentó darse a la fuga pero se hundió en un cuerpo mullido. Era un gordo, se estaba bien en él, era un lugar silencioso a cien millas de aquel otro problema que quemaba. De pronto un golpe terrible le fue asestado desde abajo. Lo que hubiera sido lo había agarrado descuidado hasta casi morderlo. ¿Sería el animal?, con la cabeza escondida Gombrowicz esperaba el salto. De pronto sintió unas cosquillas en la nuca. ¿Sería el gordo, Simón, un marica? No se hacía ilusiones. "Sabía bien que la falta de relación entre aquel cosquilleo y el Animal era precisamente la garantía de su combinación infernal, de su complot, de su acuerdo –y esperaba el momento en que el Cosquilleo se aliara definitivamente con él, con el Animal, para clavarse, como un puñal, en un grito desconocido, todavía inconcebible, hasta ahora no lanzado"

ERROR

Anoche llegué a mi casa tardísimo, famélica, después de un día agotador de trabajo.
Abrí la heladera y encontré un huevo y dos botellas de vodka empezadas. No más.
Stop: Hay algo que estoy haciendo mal.

jueves, 24 de abril de 2008

Cumplí años (muchos), recibí regalos, muchos también: Un Absolut Vodka de mandarina que hace noches me pierde, un dvd con cortos de Beckett, un petit y bellísimo cactus, tres libros (el de los abrazos de Galeano, La furia de Silvina Ocampo, Vísperas de Adriana Linardi), un cd con 103 canciones que alguien eligió para que yo escuche, una crema para el cuerpo de rosas que adoro, un agua termal larroche, unas ropitas para intentar coquetearme (todo en violeta o rojo), un tubo de té griego de una delicadez exquisita, un bolso rojo que estrené el sábado y aún no solté para cargar carpetas-libros-perfumes-cuadernos-el diario-textos-cartas que no entregaré-maquillajes-llaves-etcéteras, un anillo violeta y otro verde de esos que uso. (Anillos: ni aros, ni collares, ni pulseras, que no uso).
¡Gracias!
Veo que mis amigos me conocen más que yo misma.

martes, 22 de abril de 2008

I de El teatro de la muerte

EL ACTOR
*En esta vía
sin concesiones,
el actor debe ofrecer
su ridículo,
su despojamiento,
su dignidad misma,
aparecer
desarmado,
fuera de la protección
de máscaras
falaces.
La realización de lo imposible
es la suprema fascinación del arte
y su más profundo secreto.
Más que un proceso,
es un acto
de la imaginación,
una decisión violenta, espontánea,
casi desesperada,
frente a la posibilidad súbita,
absurda,
que escapa a nuestros sentidos,
risible.
Para suscitar un campo
de atracción
de lo imposible,
es necesaria una ingenua
falta de experiencia
y una disposición a la rebelión y la negación,
la resistencia, la inversión, la insatisfacción,
a un estado en que uno se mueve
alrededor del vacío absoluto.
¿Es necesario subrayar
que ante todo hay que tener
sentido de lo imposible?
Fuera de este fenómeno,
extraño al sentido común,
no hay ningún desarrollo.
**
Tadeusz Kantor

II de El teatro de la muerte

  • EL ACTOR
  • retrato desnudo del hombre,
  • expuesto a todo lo que llega,
  • silueta elástica.
  • El actor,
  • en las ferias,
  • exhibicionista desvergonzado,
  • simulador que muestra lágrimas,
  • risas,
  • el funcionamiento
  • de todos los órganos,
  • las cumbres del pensamiento, del corazón y las pasiones,
  • del vientre,
  • del pene,
  • con el cuerpo expuesto a todos los estimulantes,
  • todos los peligros,
  • y todas las sorpresas;
  • ilusión,
  • modelo artificial de su anatomía
  • y de su mente,
  • renunciando a la dignidad y el prestigio,
  • atrayendo el desprecio y la burla,
  • tan cerca de la basura como de la eternidad,
  • rechazado por lo que es normal
  • y normativo en una sociedad.
  • Actor
  • viviendo sólo
  • en lo imaginario,
  • llevado a un estado de insatisfacción crónica
  • y de descontento ante todo,
  • lo que realmente existe
  • fuera del universo de la ficción,
  • que lo lleva
  • a una nostalgia perpetua
  • que lo obliga
  • a una vida nómade,
  • Actor de feria,
  • errabundo eterno
  • sin lugar en el mundo,
  • buscando vanamente un puerto
  • con todos sus bienes
  • en el equipaje:
  • sus esperanzas, sus ilusiones perdidas,
  • lo que hace su riqueza
  • y su carga,
  • una ficción
  • que defiende celosamente hasta el fin
  • contra la intolerancia de un mundo indiferente.

Tadeusz Kantor

W X Y y Z - Click y algo de estos compositores

martes, 15 de abril de 2008

de Hebe Uhart, escrito en 1993 para el libro de entrevistas "primera persona", de Graciela Speranza.

"Tengo 56 años pero me siento como de 46. Vivo en un barrio medio, ni pobre ni rico y así es como me gusta: no desearía ser ni rica ni pobre. Tengo y he tenido desde que recuerdo muchos amigos, tengo la certeza de que puedo hacerme amigos en cualquier parte del mundo, aunque la barrera del idioma es enojosa, le tengo miedo a los aviones; me gusta viajar pero volar es un suplicio. ¿Cómo voy a volar si no tengo alas? Me gusta viajar para encontrar a mi casa diferente, bah, para volver. De los primeros libros que compré en mi vida (y los segundos y los etc) no conservo ninguno: los presté, los perdí, los regalé y los vendí; ahora los guardo más. Cuando un libro me gusta mucho suelo reponerlo y comprarlo, porque he leído siempre mucho todo lo que me gusta o pienso que me va a gustar: en ese sentido soy muy prejuiciosa: si pienso que algo no me va a gustar, no lo leo. Por eso estoy bastante desinformada, lo que en sí mismo no me preocupa, salvo cuando quedo fuera de las conversaciones. Soy egresada de Filosofía y lo mismo me pasa con los filósofos: si me interesa, leo mucho de lo mismo, autor o tema y si no, ignoro. Como soy una persona que saca poco partido de la experiencia en cuestiones prácticas y además no me gusta luchar o pelear, siempre tengo que hacer muchas gestiones: administrativas, editoriales y de dentista. Cada vez que debo ir a una editorial nueva para llevar mis cosas o al dentista yo misma me premio. Yendo así a variados dentistas, editoriales y gestores, uno puede entender lo uno y lo múltiple. "Venga la semana que viene", o "No hay plata", dicho de las maneras más inverosímiles. Desde hace más de treinta años trabajo en la docencia, primaria, secundaria, ahora universitaria, privada, pública, de adultos. No creo que los jóvenes de ahora sean tan distintos de cómo fuimos nosotros: quieren ser reconocidos, valorados y tratados con justicia, por lo tanto, casi siempre responden. Rechazo las ideas apocalípticas en todas sus manifestaciones, a saber: que los jóvenes no leen y van a ser ágrafos, que el mundo se va a destruir, que el país va hacia la disolución, que el tango va a morir, etc. De los libros de la Biblia, el Apocalípsis es el que menos me gusta. Tengo muy pocos principios o convicciones firmes, pero sí creo que debemos tratar bien a los que tenemos cerca y en que todas las personas tienen derecho a momentos de placer, alegría o como se llame: debemos tratar de no amargar a nadie. "
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Texto enviado por NS
Asociación fotográfica AP
Foto AK

U y V - Click y algo de estos compositores

domingo, 13 de abril de 2008

COMING SOON

Teodoro Tigrov ha sido asesinado a golpes de martillo. Su atribulada amante, Odette Malheur, fue testigo del asesinato. Pero la noche supo ocultar el rostro de quien levantó el martillo. Será Odette, entonces, quien decida poner en marcha el plan para revelar la identidad del asesino: el primer paso será convocar a sus hermanos, Lise y Alberto Malheur - a quienes no ve desde hace veinte años, desde que unió su vida a la de Teodoro – para que la ayuden con la investigación. Los sospechosos son cinco: Mijail y Sonja Tigrov (oscuros y melancólicos mellizos, hijos de Teodoro Tigrov y Odille Malheur, hermana gemela de Odette, muerta hace ya veinte años) y Alex, Damien y William Richardson, hijos del mismo Teodoro y una tal Margaret Richardson (que Teodoro supo ganarse en una fasta mesa de póker.) Los cinco sospechosos son, claro, hijos del mismo padre. Pero no lo saben. O eso al menos simulan. Odette teje las redes y convoca a la fuerzas del mal para que el deseo envenene el aire. Lo que sigue es una innumerable cantidad de historias apasionadas, de melodías exaltadas, de deseos sin cauce, de cuerpos entregados a la pasión más descontrolada. Esta irrefrenable catarata de emociones llevará a un final único y desmesurado que sólo sabrá encontrar su límite frente a la caída del telón.
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Los cinco sospechosos de asesinar al padre:
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1) Demian Richardson
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2) Alex Richardson

3) William Richardson

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4) Mijail Tigrov

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5) Sonja Tigrov (La que acompaña en las fotos).

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sábado, 12 de abril de 2008

del Dr. Eduardo Pavlovsky

Cuando yo me apasiono o me enamoro de una mujer soy esclavo de la espera. Creo en ese momento que la felicidad sería el encuentro, después me doy cuenta que el alivio o la ausencia del dolor proviene de la desaparición de la imagen, no del encuentro. La mujer me encierra en mi mismo, en mi propia cárcel – eso me aterra. Lo intempestivo desaparece y la quietud se impone como algo estancado. Quedar detenido en el tiempo esperando, sabiendo que el próximo llamado va a producir nuevas inmovilidades. Todo permanece inmóvil, quieto – y los argumentos se repiten como fotos estáticas-.
Pero si encuentro una mujer y no me enamoro, cada encuentro puede tener el mérito de lo maravilloso, del descubrimiento. El abismo del vértigo del no saber cuándo el próximo encuentro. Y que si no lo espero siempre llega, y entonces soy feliz...
Acostumbrarse a vivir sin saber cuando. Esa es la clave. Acostumbrarse a vivir sin esperar nada, ni la muerte... si fuera posible.

próximamente...

El dos de mayo se estrena. Vayan a verla.
Trailer AQUÍ

lunes, 7 de abril de 2008

desde mi ventana, hasta un arco iris

¿Qué nos pregunta el vago
horizonte que se viene
a nuestra melancolía
lleno de gestos mojados
-rendido fantasma que
absorbe las arboledas
y nos invierte el lirio
húmedo y solo del alma?
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Juan L. Ortiz
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martes, 1 de abril de 2008

Andrés Rivera

Fragmento de "La sierva" y "El amigo de Baudelaire".

A los veinticinco años, en París, me recibí de abogado. Yo era, para mis condiscípulos, un exótico (y también detestable) magnate sudamericano. Soy un burgués. Argentino y porteño. Soy juez. A veces, soy, también, Saúl Bedoya. Mi padre fue un gaucho. Y tan bueno como el mejor de su tiempo. La diferencia entre mi padre y otros gauchos consistió en un hecho simple e histórico, si se quiere: mi padre heredó campos, vacas que se reproducían por la gracia de Dios y algunos toros vigorosos. Eso y la amistad del brigadier Juan Manuel de Rosas, y el mate, el puchero, el asado gordo, alcanzaron para que viviera sin temor al desamparo, a la prepotencia de la policía y del alcalde de turno. ¿Qué podía hacer un abogado de cuarenta y seis años que vendió tierras, vacas, toros, hombres, mujeres y perros y la inmunda tapera en la que su padre vivió? ¿Qué podía hacer un abogado de cuarenta y seis años en una ciudad que se mira en los brillos y los lujos de los que fundan imperios? Enriquecerse. Compro tierras en Cañuelas. Vendo, a buen precio, una zafra de lana. Compro dos molinos harineros. Compro acciones del Ferrocarril Oeste. Me asocio a la Bolsa de comercio. Cobro más de treinta tres mil pesos por diez mil ovejas, doscientos cincuenta carneros y trescientos ochenta ovejas finas. El país crece, yo compro oro. En Buenos Aires, quien nace sabe: a) Si tiene dinero, puede comprar sacerdotes, abogados y comisarios, sin contar el cielo y el infierno. b) Si no tiene dinero, es carne de calabozo. Buenos Aires no enseña, no da lecciones a nadie. Anoche vinieron unos caballeros. Hubo licores, café y cigarros. De esos caballeros, son pocos los que me aprecian. Pero vienen a verme: soy uno de ellos. ¿Cómo van a excluirme de lo que ellos son? Caballeros patriotas, dueños del país, y también estancieros, exportadores, abonados al Colón, que convinieron que yo, Saúl Bedoya, soy un hijo de perra, pero que soy alguien del cual no se puede prescindir en el instante en que las malditas cuentas no cierran. Y el maldito instante es este. Y el instante es tan maldito que los empujó a la puerta de Saúl Bedoya. A golpear mi puerta.
***
A naides tengas envidia.
Es muy triste el envidiar .
Cuando veas a otro ganar.
A estorbarlo no te metás: .
Cada lechón en su teta .
Es el modo de mamar.
***
En verdad, el señor José Hernández, con la voz inefable de la poesía, fijó, para nosotros, un destino paradisíaco: mamar de la teta de la República.
*** Cuando estoy con los hombres de mi clase emito, inesperadamente –siempre inesperadamente- y con discreción, citas de Séneca, San Agustín, Platón, Voltaire, Maquiavelo. Los hombres de mi clase me miran con respeto, y cierran sus bocas; algunos quedan embobados. Las citas vuelcan un entredicho, una discusión hacia donde se me antoje; confunden a mis amables antagonistas. Las citas son mías: las pienso un rato antes del coñac y de los habanos. Y se las atribuyo a personajes inapelables. Estos caballeros vinieron a pedirme una contribución para los fondos electorales de quien se dice que será el futuro presidente de la república, uno de los oficiales más jóvenes del ejército. Y más cultos. Sonreí a los caballeros y contribuí con una suma que los sorprendió y halagó. Confío en que mi candidato se entere de quienes le ayudaron a comprar los peldaños que llevan al poder. Exactamente: ¿qué es ser bueno?, ¿pagarle un sueldo decente a mis peones?, ¿donar una suma razonable para el cuidado de los huérfanos?, ¿socorrer a una anciana caída en la calle?. Si eso es ser bueno, yo soy rico. No se trata de un acto de voluntad. Ni siquiera de una vocación. Patrón se nace. Se nace rico o no, patrón o no. Es común que alguien no sea patrón y sea culto. Que alguien sea patrón y no sea culto es un malentendido abominable. Si yo fuera mi padre no pensaría como pienso. Yo no hago un culto del legado criollo de mi padre. No vivo bajo un techo de paja y entre paredes de adobe. No eché panza. No uso rastra de plata sobre la panza que no eché. No me deslumbra el parco coraje con el que se desenvaina una daga. ¿Qué es el coraje? ¿Tener miedo y ocultarlo? ¿Una institución? ¿Un legado? ¿La letra de un rezo? ¿La patria de la inocencia? No estuve en la defensa de Montevideo, con el general Paz. Ni estuve en las tomas de las trincheras paraguayas. Ni combatí a los montoneros. Ni siquiera maté indios con un Remington, In God we trust. Sólo maté a un hombre que tiró una daga sobre mi escritorio, y me invitó a que la empuñase. Y a que jugara mi vida y la suya al filo providencial de los cuchillos. Yo maté a ese hombre, un hombre tan antiguo y condenado como la carne de cañón. Y lo maté, sentado en un cómodo sillón, metiéndole tres balazos en el cuerpo, que le disparé con mi hermoso revólver. Encendí un cigarro, escuché la lluvia en la noche desierta, y pensé en la eficacia de las modernas armas norteamericanas. El hombre que maté nunca existió. Sé como se hace para que un hombre desaparezca y nunca haya existido para nadie. Soy juez. Soy, además, Saúl Bedoya.

O y P - Click y algo de estos compositores