domingo, 30 de marzo de 2008

El silencio es salud

A los que agreden desde el anonimato en los blogs, a los que no saben responder una carta que fue escrita para ellos, a los que defienden a los terrateniantes con cacerolas vacías sin tener ni siquiera macetas, a los que intervienen en diálogos ajenos tomando partido sin saber de qué se habla, a los fríos de corazón, a los que no saben defender sus ideas aunque no sean geniales, a los que trabajan "a medias" en algo que supuestamente les gusta, a los que eluden la pasión, a los que escriben cualquier cosa para cualquiera les cuento que ando paseando por aquí:
***

WARNING: Las vaquitas son ajenas

lunes, 24 de marzo de 2008

24 de marzo

Nota IV
de Juan Gelman
de "Notas", 1979
***
el temor a la vejez ¿envejece?
el temor a la muerte ¿enmuerta?
¿qué estoy haciendo con los miles yo
de compañeros muertos?
¿me estoy enmuerteando yo?
¿acaso les temo/amados?
¿te acaso temo paco/cara
como una alegría humana?
¿o los envidio yo tal vez?
¿o los envidio yo tal vez?
¿juntos como anduviéramos ahora
sin sufrir propio y ajeno?
¿pero por qué me lloro en vos-
otros pedazos de mi vida?
¿acaso puedo al fin llorar?
¿puedo por fin al fin llorar?
******

domingo, 23 de marzo de 2008

en Vagones transportan humo

En mis entrañas llenas de carne solamente hay carne, y viento, y fuego y marea.
Cuando anochece, y en la TV aparece Liliana López Foresi o Nucha Amengual o Pochi Grey o Canela, con sus consejos, sus verdades, porque son verdades, me distiendo entonces en el sofá cama que tengo en el living room y me digo sinceramente, llena de dudas, con los puños apretados, consciente de mí misma como aprendí en la gimnasia protoneomolecular, me digo si será cierto que los recuerdos no valen nada.
Me pregunto si este vivir el momento y nada más, si esta existencia alocada y alucinante, si este vértigo y este maremágnum de cosas, este ganarle a la vida y absorberla y sorberla y sobarla y mamarla será en definitiva una buena razón para seguir adelante, para dejarme estar por ejemplo en la carcajada, para de repente ir al almacén dignamente, para que me traten como a una señora, para que me den el asiento en el colectivo, y para no parir nunca, nunca trascender. Porque adentro de mi corazón hay sangre, y adentro de mi sangre hay cosméticos.
Y a veces me pregunto, cuando tengo las patas en la palangana, llenas de llagas de tanto taconear por murgas y baños públicos, me pregunto a veces si alguna vez tu sonrisa... tu sonrisa de chongo de cloaca... tu sonrisa como una flor alada y rosa... tu sonrisa de muerte y de redondel...
De más está decir que el tiempo carcome la carne, que el alcohol fija las grasas, que los dientes se pican.
Todo lo de esta vida desaparece como una espuma, todo se hace nada.
el beso de nuestra madre.
el beso ese
el beso del amor ese
el beso de la vida desaparece como una espuma
como la espuma de un mar enorme
como la espuma...
de un mar enorme... todo se hace espuma...
desaparece.
***
de Alejandro Urdapilleta.

I y J / Un click y algo de estos compositores

viernes, 21 de marzo de 2008

G y H / Un click y algo de estos compositores

Contratapa de Página 12 bajo el título POESIA - 20/03/2008

Hay que inventar un lenguaje que no produzca belleza sino hambre infinita, mortalidad infantil donde nuestros ojos se desorbiten como estos monstruos sin lactancia. Palabras traídas por las olas donde podamos sentirnos raquíticos: Lenguajes nuevos , alegres en las desgracias, obsceno por subversivo, porque la desgracia es resignación–tristeza, la acción es la esperanza. Eso, nuevo lenguaje de nuevas esperanzas. Todos juntos. Alguna vez aprendamos a hablar otra vez, olvidando el lenguaje anterior, impotente para intensidades. Barroco – Infiel. Quema de saberes viejos – tiene que sonar pornográfico, que el lenguaje vomite y excrete realidades, que las olas traigan nuevas palabras barrenadas y nos hagan sentir en el cuerpo sólo un poco de hambre – solo un poco de salúd – solo un poco de todo. Las palabras sensaciones. Convulsiones como respuestas. Eso –que las nuevas palabras del nuevo lenguaje nos hagan epilépticos por un rato. Para confirmar que las palabras han llegado y nos maltratan, nos cadaverizan. Quien sabe hay muertes por reflujo. Es bueno. Pero estemos seguros que llegaron, que no son palabras muertas – Edificios con ladrillos de lenguaje que no sirven más para expresar nada. Palabras que significan – que quieren abarcar el mundo ya no abarcan nada – Palabras que describen conferencias y reunión que no que no que no que no. Balbuceemos las otras, las que no significan – pero expresan los ojos reventados – los dolores infinitos... los aullidos. Aprender todo de nuevo... aprender a ignorar todo lo aprendido. Que explote toda la impostura. Toda –pero toda junta. Y de esos escombros el lenguaje nuevo. La palabra interdicta, obscenidad de los goces infinitos y de los dolores que ya no caben en lenguajes viejos. Inventemos. Inventemos todo. Pero que sea loco loco loco. Enterremos el sentido común. Una gran tumba a la belleza – A los grandes gestos que nos vaciaron el sentido de algo. Un gran entierro de todo aquello que llamamos humano, todavía que de las olas venga el resto – las palabras nuevas – los pedazos, lo que quedó afuera, las sílabas barrenadas que arrojamos al mar del desperdicio. Sólo de allí –la gran resurrección obscena. De cunas escondidas. Que no signifique nada. Que exprese el hoy. El hoy de todos. Blu – blu – blu blu. Blus blus. Ya vienen, atención. Vienen las olas. Blus. Blus. Blue. No significan nada. Sólo blug blug blug. Nada nada nada. Belleza de los restos de las sobras. Poesía de los escombros. Intensidad del mar embravecido. Nada más que eso. A la hoguera con los lenguajes viejos –ya no nos sirven– olor a trampa y a impudicia, no soñemos con el hombre nuevo – rescatemos de las sobras – de los restos – de los desperdicios – de los escombros y de las cunas palabras que hemos arropado y que las olas traen – y construyamos un lenguaje nuevo con fuerza de obscenidad – inventemos la potencia de las nuevas palabras – no cambiemos a los hombres – cambiemos su lenguaje – su retórica encallecida – que envejece, que hace vivir a medias con tristeza – Un nuevo lenguaje alegre – potente – para un nuevo hombre. Pero necesitamos arrasar con todo – arrasar – arrasar – arrasar.
***
Por Eduardo “Tato” Pavlovsky
Psicoterapeuta. Autor, director y actor teatral. Entre sus obras se encuentran El Señor Galíndez, Potestad y La muerte de Marguerite Duras.
El citado texto formará parte de "Solo Brumas", obra a estrenarse el próximo julio en el CCC.

sábado, 15 de marzo de 2008

viernes, 14 de marzo de 2008

Festín borgeano. Uno de cada.

de Fervor de Buenos Aires (1923) Ausencia

Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.
***
de Luna de enfrente (1925)
Una despedida
Tarde que socavó nuestro adiós.
Tarde acerada y deleitosa y monstruosa como un ángel oscuro.
Tarde cuando vivieron nuestros labios en la desnuda intimidad de los besos.
El tiempo inevitable se desbordaba
sobre el abrazo inútil.
Prodigábamos pasión juntamente, no para nosotros sino para la soledad ya inmediata.
Nos rechazó la luz; la noche había llegado con urgencia.
Fuimos hasta la verja en esa gravedad de la sombra que ya el lucero alivia.
Como quien vuelve de un perdido prado yo volví de tu abrazo.
Como quien vuelve de un país de espadas yo volví de tus lágrimas.
Tarde que dura vívida como un sueño
entre las otras tardes.
Después yo fui alcanzando y rebasando
noches y singladuras.
***
de Cuaderno San Martin (1929)
Fragmento de La noche que en el sur lo velaron
...
Me conmueven las menudas sabidurías
que en todo fallecimiento se pierden
-hábito de unos libros, de una llave, de un cuerpo entre los otros-.
Yo sé que todo privilegio, aunque oscuro, es de linaje de milagro
y mucho lo es el de participar en esta vigilia,
reunida alrededor de lo que no se sabe: el muerto,
reunida para acompañar y guardar su primera noche en la muerte.
(El velorio gasta las caras;
los ojos se nos están muriendo en lo alto como Jesús.)
¿Y el muerto, el increíble?
Su realidad está bajo las flores diferentes de él
y su mortal hospitalidad nos dará
un recuerdo más para el tiempo
y sentenciosas calles del Sur para merecerlas despacio
y brisa oscura sobre la frente que vuelve
y la noche que de la mayor congoja nos libra:
la prolijidad de lo real.
***
de El hacedor (1960)
Límites
Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar.
Hay una calle próxima que está vedada a mis pasos,
hay un espejo que me ha visto por última vez,
hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo.
Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos)
hay alguno que ya nunca abriré.
Este verano cumpliré cincuenta años;
la muerte me desgasta, incesante.
***
de El otro, el mismo (1964)
1964 II
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
***
de Para las seis cuerdas (1965)
Milonga de Manuel Flores
Manuel Flores va a morir.
Eso es moneda corriente;
morir es una costumbre
que sabe tener la gente.
Y sin embargo me duele
decirle adiós a la vida,
esa cosa tan de siempre,
tan dulce y tan conocida.
Miro en el alba mis manos,
miro en las manos la venas;
con extrañeza las miro
como si fueran ajenas.
Vendrán los cuatro balazos
y con los cuatro el olvido;
lo dijo el sabio Merlín:
morir es haber nacido.
¡Cuánta cosa en su camino
estos ojos habrán visto!
Quién sabe lo que verán
después que me juzgue Cristo.
Manuel Flores va a morir.
Eso es moneda corriente;
morir es una costumbre
que sabe tener la gente.
***
de Elogio de la sombra (1969)
Laberinto
No habrá nunca una puerta. Estás adentro
y el alcázar abarca el universo
y no tiene ni anverso ni reverso
ni extremo muro ni secreto centro.
No esperes que el rigor de tu camino
que tercamente se bifurca en otro,
que tercamente se bifurca en otro,
tendrá fin. Es de hierro tu destino
como tu juez. No aguardes la embestida
del toro que es un hombre y cuya extraña
forma plural da horror a la maraña
de interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
en el negro crepúsculo la fiera.
***
de El oro de los tigres (1972)
J.M.
En cierta calle hay cierta firme puerta
con su timbre y su número preciso
y un sabor a perdido Paraíso,
que en los atardeceres no está abierta
a mi paso. Cumplida la jornada,
una esperada voz me esperaría
en la disgregación de cada día
y en la paz de la noche enamorada.
Esas cosas no son. Otra es mi suerte:
las vagas horas, la memoria impura,
el abuso de la literatura
y en el confín la no gustada muerte.
Sólo esa piedra quiero. Sólo pido
las dos abstractas fechas y el olvido.
***
de La rosa profunda (1975)
Yo
La calavera, el corazón secreto,
los caminos de sangre que no veo,
los túneles del sueño, ese Proteo,
las vísceras, la nuca, el esqueleto.
Soy esas cosas. Increíblemente
soy también la memoria de una espada
y la de un solitario sol poniente
que se dispersa en oro, en sombra, en nada.
Soy el que ve las proas desde el puerto;
soy los contados libros, los contados
grabados por el tiempo fatigados;
soy el que envidia a los que ya se han muerto.
Más raro es ser el hombre que entrelaza
palabras en un cuarto de una casa.
***
de La moneda de hierro (1976)
No eres los otros
No te habrá de salvar lo que dejaron
escrito aquellos que tu miedo implora;
no eres los otros y te ves ahora
centro del laberinto que tramaron
tus pasos. No te salva la agonía
de Jesús o de Sócrates ni el fuerte
Siddharta de oro que aceptó la muerte
en un jardín, al declinar el día.
Polvo también es la palabra escrita
por tu mano o el verbo pronunciado
por tu boca. No hay lástima en el Hado
y la noche de Dios es infinita.
Tu materia es el tiempo, el incesante
tiempo. Eres cada solitario instante.
***
de Historia de la noche (1977)
La espera
Antes que suene el presuroso timbre
y abran la puerta y entres, oh esperada
por la ansiedad, el universo tiene
que haber ejecutado una infinita
serie de actos concretos. Nadie puede
computar ese vértigo, la cifra
de lo que multiplican los espejos,
de sombras que se alargan y regresan,
de pasos que divergen y convergen.
(En mi pecho, el reloj de sangre mide
el temeroso tiempo de la espera.)
Antes que llegues,
un monje tiene que soñar con un ancla,
un tigre tiene que morir en Sumatra,
nueve hombres tienen que morir en Borneo.
***
de La cifra (1981)
Haiku 7
Desde aquel día
no he movido las piezas
en el tablero.
***
de Los conjurados (1985)
Reliquias
El hemisferio austral. Bajo su álgebra
de estrellas ignoradas por Ulises,
un hombre busca y seguirá buscando
las reliquias de aquella epifanía
que le fue dada, hace ya tantos años,
del otro lado de una numerada
puerta de hotel, junto al perpetuo Támesis,
que fluye como fluye ese otro río,
el tenue tiempo elemental. La carne
olvida sus pesares y sus dichas.
El hombre espera y sueña. Vagamente
rescata unas triviales circunstancias.
Un nombre de mujer, una blancura,
un cuerpo ya sin cara, la penumbra
de una tarde sin fecha, la llovizna,
unas flores de cera sobre un mármol
y las paredes, color rosa pálido.
***

martes, 11 de marzo de 2008

Debe, haber.

Tengo una casita, acogedora y pequeña, con una pared verde manzana y otra naranja, llena de plantas, iluminada de día por la luz del sol y de noche por una lámpara que supo ser triste y que ahora está cubierta con una mariposa tan verde como la pared sobre la que se posó.
Tengo un gato de lo más lindo y cariñoso que pueda haber entre los felinos.
Tengo una madre que me adora. A veces la detesto, pero muchas veces también la adoro.
Tengo un trabajo que amo, del que vivo dignamente, que me mantiene en movimiento mental, físico y espiritual, con el que me divierto, sufro, me inquieto y sueño, con el que puedo reír a carcajadas o llorar de emoción.
Tengo algún amante fugaz, que me hace olvidar o aliviar lo que no tengo: fugazmente, con su fugacidad.
Tengo una menta en la terraza que no piensa dejar de crecer.
Tengo tres amigos que me quieren, a los que adoro y a los que no podría reemplazar con nada.
Tengo treinta y seis años, y puedo decir que no me arrepiento de lo que hice ni de lo que no hice hasta ahora.
¿Podría llamareme feliz? Sí, claro.
No tengo padre. Hoy sería su cumpleaños, si no se hubiese muerto tan temprano. Lo tuve, pero lo extraño.
No tengo a N, que no pudo tomarme en serio. También lo extraño.
"Todo no se puede", dicen.
Un blog no es un diario. Un diario no tiene destinatario (ó tiene uno si se está enamorado). Supongo que el cumpleaños de mi padre, a quien no puedo abrazar me confunde, me hace buscarlo en cualquier lado, hasta en el espacio virtual. Tal vez sea la única manera que encuentro de buscar a los ausentes que todavía me hacen falta.
***
de Jorge Luis Borges, La lluvia:

***

Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.
***
Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.
***
Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto
***
Patio que ya no existe.
La mojada tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.
***
Hoy, 11/03/2008, no llueve en Buenos Aires.
***
***

domingo, 9 de marzo de 2008

de José Lezama Lima

Aquí estoy en mi sillón, condenado a la quietud, ya peregrino inmóvil para siempre. Mi único carruaje es la imaginación, pero no a secas: la mía tiene ojos de lince.
Son ya pocos los años que me quedan para sentir el terrible encontronazo del más allá. Pero a todo sobreviví y he de sobrevivir también a la muerte.
otro:
  "Llamado del deseoso"
Deseoso es aquel que huye de su madre.
Despedirse es cultivar un rocío para unirlo con la secularidad de la saliva.
La hondura del deseo no va por el secuestro del fruto.
Deseoso es dejar de ver a su madre.
Es la ausencia del sucedido de un día que se prolonga
y es la noche que esa ausencia se va ahondando como un cuchillo.
Es esa ausencia se abre una torre, en esa torre baila un fuego hueco
y así se ensancha y la ausencia de la madre es un mar en calma.
Pero el huidizo no ve el cuchillo que le pregunta,
es la madre, de los postigos asegurados, de quien se huye.
Lo descendido en vieja sangre suena vacío.
La sangre es fría cuando desciende y cuando se esparce circulizada
la madre es fría y está cumplida.
Si es por la muerte, su peso es doble y ya no nos suelta.
No es por las puertas donde se asoma nuestro abandono.
Es por un claro donde la madre sigue marchando,
pero ya no nos sigue.
Es por un claro, allí se ciega y bien nos deja.
Ay del que no marcha esa marcha donde la madre ya no le sigue, ay.
No es desconocerse, el conocerse sigue furioso como en sus días,
pero el seguirlo sería quemarse dos en un árbol,
y ella apetece mirar el árbol como una piedra,
como una piedra con la inscripción de ancianos juegos.
Nuestro deseo no es alcanzar o incorporar un fruto ácido.
El deseoso es el huidizo.
Y de los cabezazos con nuestras madres cae el planeta centro de mesa
y ¿de dónde huimos, si no es de nuestras madres de quien huimos
que nunca quieren recomenzar el mismo naipe,
la misma noche de igual ijada descomunal?

jueves, 6 de marzo de 2008

enroque

Había otra cosa aquí, pero tuve un sueño intenso y revelador que me hizo borrar lo escrito. No cambia el sentimiento pero sí la predisposición al muestreo.
-Perdón GL, arrasó injustamente con tu comentario-.
Dejo a cambio un poema de Héctor Viel Temperley, que fue parte del sueño y dice:
Ví una pelota
igual a todas
que el viento se llevaba
mar adentro.
**
Después de perseguirla
una milla marina,
colores de planeta y Africa
tiraban de la punta
de mis dedos
**
Y yo pensaba:
si te sigo, muero
**

domingo, 2 de marzo de 2008

first night

En mi soledad
he visto cosas muy claras
que no son verdad.
(en Canciones de Antonio Machado)
***
Foto: AK (click sobre AK )
Arbitrariedad asociada: AP
**

sábado, 1 de marzo de 2008

La descomposición de los sueños

Hace cuatro años, cuando estuve en el lugar que se ve arriba, me prometí juntar plata y gastarme todo lo que llegue a ahorrar en volver allí con alguien que me resulte inigualable.
Hace dos años encontré a ese alguien y pensé ese viaje mirando la foto de aquí abajo:
**
Hace un año, sin haber hecho ningún viaje, dejamos de vernos.
La imagen de aquel lugar empezó a perder realismo, sus contornos definidos y exactos comenzaron a ser más difusos, con colores de recuerdo, algo así:
**
Hace tres meses perdí todos mis ahorros (hubiese sacado los pasajes entonces, ¡aunque sea uno!).
En tres meses él se va a Europa, a España creo. Me gustaría pedirle que si puede pase por Marsella. Hacen los mejores jabones del mundo allí, tal vez me pueda traer uno, o tal vez pueda visitar esa calle cerca del puerto viejo, o tal vez pueda dejar mis saludos al mediterráneo, o tal vez... Pero casi no hablamos.

(Hoy aquel sueño es un dibujo en lápiz).